viernes, 10 de mayo de 2013

AUTONOMÍA El Movimiento Mapuche de Resistencia de Tito Tricot


El Movimiento Mapuche es de antigua data y ha adquirido una multiplicidad de expresiones a través del tiempo, entrelazándose diversas estrategias que configuran una arquitectura de continuidades y rupturas, avances y retrocesos en el desarrollo del accionar colectivo contra el Estado chileno, dominador y represor. En la búsqueda de su libertad y en defensa de sus derechos como pueblo es posible identificar puntos de inflexión. Uno de ellos se verificó a fines de 1997 en la zona de Lumako, cuando las comunidades de Pichilonkoyan y Pililmapu llevaron a cabo la recuperación de territorios ancestrales. Asimismo, se procedió a la quema de camiones de la Forestal Bosques Arauco. En Lumako se plasma, simbólicamente y de hecho, el surgimiento de lo que podría genéricamente denominarse el Movimiento Mapuche Autonomista, donde las demandas pasan a ser claramente políticas e integran la cultura, la identidad, la tierra, el territorio y la memoria histórica en una propuesta que busca la autodeterminación. El Movimiento Mapuche Autonomista es parte esencial de la historia actual, pues está bregando contra el Estado chileno y el modelo neoliberal. Ello le ha costado encarcelamientos, violentos allanamientos a comunidades, torturas y jóvenes asesinados. Sin embargo, el mapuche continúa su lucha con la paciencia y la dignidad de siglos de resistencia.
15

jueves, 9 de mayo de 2013

Presentación de "En la Isla" de Nicolás Poblete. Ceibo Ediciones, 2013 Por Jorge Arrate ( www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura)


Proyecto Patrimonio - 2013 | index | Autores |



Presentación de "En la Isla" de Nicolás Poblete.
Ceibo Ediciones, 2013
Por Jorge Arrate

 .. .. .. .. .. . 
Dos hermanas constituyen el eje de la novela En la Isla, de Nicolás Poblete, publicada por la Editorial CEIBO, esa apreciable sociedad de amigos del libro hermoso y desafiante que, de este modo, persevera en su línea de literatura de ficción. Dos hermanas. Lo anuncia la portada del libro, un diseño de Eugenia Prado, basado en una obra de Voluspa Jarpa: dos personas, dos seres, dos hermanos, dos hermanas. No lo sabemos a simple vista. Las dos figuras humanas, estrambóticas, de extremidades deformadas, de perfiles quizá idénticos la una a la otra, aparecen desnudas haciendo una cabriola, en una postura corporal que pudiera ser una contorsión histérica, una suerte de vuelta de carnero en que la cabeza y espaldas de una están apoyadas, respectivamente, en las espaldas y la cabeza de la otra. ¿Están pegadas, son seres siameses con un acoplamiento asimétrico que los hace doblemente extraordinarios, seguramente únicos? ¿O esas junturas son simplemente puntos de apoyo, ni membranas ni enlaces cartilaginosos, sino la representación de los vínculos indisolubles que pueblan invariablemente una relación fraternal? ¿O se trata de un raro espejo con reflejo invertido? Una de las hermanas aparece sobre un fondo blanco atravesado de arriba abajo por una franja roja que, en parte, cubren los dos cuerpos. La otra hermana se perfila en un fondo gris, opaco, como cielo cargado de tormentas o como una humareda espesa, uno piensa que impenetrable. La textura de ambos cuerpos es distinta, una es más granulosa, la otra se ve como una superficie más lijada. Emerge entonces un espacio irregular pequeño entre las dos, un atolón, un islote, una isla roja, rojo sangre. ¿La sangre o la madre serán ese islote? ¿Cuál de las hermanas vivirá en la resaltante limpidez del blanco surcado por el rojo, cuál en la opacidad del gris? ¿Qué dirá nuestro autor?
En la primera página de la novela encontramos al menos tres claves: primero, las niñas, Rocío y Silvia, y entonces ya sabemos que son mujeres, que son hermanas. Nos enteramos que su madre se llama Juana. Es un nombre que ya no aparece, desde hace más de una década, entre los sesenta nombre propios de mujer que más se utilizan en Chile; hoy Juana prácticamente no es, apenas perdura, porque aún sobreviven mujeres de aquella generación en la que Juana aún existía. El personaje Juana, pienso, debiera ser una mujer anciana y tradicional. Y lo es. También aprendemos que las tres mujeres están en una isla, que es en realidad una isla al cuadrado o, si ustedes prefieren, dos veces isla, porque es una isla que está en un lago que a su vez está en la isla; en la isla de Chiloé. Es una isla rodeada de agua dulce, “de aguas estancadas”, nos dice el autor; desde sus orillas o montículos es imposible ver el Caleuche cuando se aparece, nos dirá más adelante.
Tanto la relación entre hermanos como el aislamiento han sido, cada uno en sus muchos vericuetos y extensiones, explorados en la literatura y en el cine (la novela En la Isla, aprovecho la ocasión de decirlo, posee imágenes de gran fuerza cinematográfica, por eso hago la referencia).

Nicolás Poblete recoge las dos temáticas. Por una parte, ejecuta una ávida exploración de la familia, por la otra indaga en el universo del aislamiento y la relación entre el adentro y el afuera que le dan contexto. La novela va enhebrando las vidas de Rocío y Silvia, mestizas que eligen senderos diversos: Rocío, aquel mundo que hay más allá de la isla en la que está la isla; Silvia, el pequeñísimo universo territorial y humano de la isla doblemente encerrada. Cuando se juntan las hermanas con su madre, una mapuche huilliche, Juana, doña nadie, diríamos, el nudo se revela, la anciana da curso a  viejos rituales y expresa sus rencores en los momentos más lúcidos de su demencia senil, en un ejercicio dramático de defensa de su reducida memoria y de su identidad acosada.
El contexto en que se despliega la novela, en particular el escenario geográfico, es también protagonista.  El tramado interno de los personajes está fuertemente ligado a ese contexto. Desde el punto de vista estrictamente literario Nicolás Poblete establece en este ámbito un diálogo intertextual con una novela de Rubén Azócar, que desafortunadamente no he leído aún, escrita en los años treinta del siglo pasado, denominada Gente de la Isla.Poblete escenifica su novela de un modo tal que, progresivamente, se convierte en una metáfora de nuestra sociedad rapaz, subordinada a la filosofía mercantil. Emerge en ese marco la relación ambivalente y destructiva que el Estado y la sociedad chilena, en general, han establecido con los habitantes originarios al sur del Bío Bío. Lo sabemos pero no lo decimos suficientemente, lo sabemos y hacemos como que no, lo sabemos y no lo sabemos: es imposible no observar en el último siglo y medio de nuestra historia republicana una tentativa no confesada, un deseo oculto, de superar el problema histórico de la usurpación de las tierras mapuche y el aplastamiento de esa identidad mediante políticas de integración que implican, a largo plazo, la extinción como pueblo o, en el mejor de los casos, la conservación de espacios con intención museológica o turística. A pesar de esta prolongada tentativa, que ha tomado diversas formas, sustentada en una supuesta inferioridad de los habitantes originarios, en el poder empresarial y en políticas y acciones oficiales, el pueblo nación mapuche ha sobrevivido. Aunque la represión en su contra arrecia en estos días, hay indicaciones que apuntan a tímidos avances, aperturas, correcciones posibles, no seguras, pero posibles. Una encuesta reciente muestra que aproximadamente dos tercios de los encuestados expresan una sensibilidad favorable a la causa mapuche. Un precandidato presidencial señala que el Estado chileno debe pedir perdón al pueblo mapuche y una precandidata que la aplicación de la ley antiterrorista durante los gobiernos del siglo veintiuno “fue un error”. Hay muchos mapuche que fueron condenados por ese error y que cumplieron o cumplen penas de cárcel, muchos otros están en prisión preventiva, en procesos donde se ha invocado la ley antiterrorista. Es decir, el error sigue produciendo sus efectos. Luego, hay que corregirlo. Y hay formas bien concretas de hacerlo, pero no es un tema que deba desarrollar ahora.
No existe una postura partidista, ni un amago de polémica política -como en mi caso- menos aún un propósito panfletario, en el texto En la Isla y, sin embargo, desde mi lectura, definiría su género como novela político social. Lo exótico ha invadido aquella isla. Los árboles originarios han perdido espacio y lo siguen perdiendo, cada día, ante el avance de las coníferas, apoyadas por potentes subsidios estatales que engrosan las ganancias de los grandes conglomerados (esto no lo dice Nicolás, lo digo yo, y no es para criticarlo, entiendo que “subsidio” no es una palabra apta para la poética del autor y menos aún “estatal”). Hasta allí han llegado las coníferas, a la isla que es dos veces tal. Además, Nicolás no necesita decirlo, todos los sabemos, pero como sociedad hacemos como que no. Es que la hipocresía reina en los bosques del sur, como también en las vetas de cobre y de oro, en las sales de litio en el norte, en el agua de ese mismo norte, del centro y del sur. Sinceramente, me ha impactado que en el inicio de las campañas presidenciales, que tuvieron lugar hace un par de semanas, no se hubiese pronunciado la palabra “cobre”. Escuché con atención interesantes discursos de proclamación de candidatos por los que no siento antipatía y no escuché una sola vez esas cinco letras juntas… Disculpen, me he ido por un ramal, por así llamarlo, un ramal que Frei Montalva llamaba la “viga maestra” y Allende el “sueldo de Chile”…
Vuelvo al texto de En la Isla. No sólo los árboles son extranjeros, también los animales. Se trata de ciervos. Con ellos aparecen los cotos cerrados, prestos a recibir cazadores que viajan miles de kilómetros a disfrutar la muerte de esos pacíficos príncipes veloces con cornamentas apoteósicas. Las hermanas son mestizas ---¡y qué mestizas!---, ambas llegaron a la universidad, pero una se decidió por el afuera y la otra por la isla y su madre. La isla no verá el Caleuche, pero la televisión sí llega hasta allí y con suerte Rocío hasta puede lograr una comunicación por celular. Los vidrios de la cabaña en que vive Silvia y que visita Rocío, fueron pegados con masilla, pero mucho más tarde el deterioro y sus rendijas fueron cubiertos con la “moderna” silicona. El tiempo pasa y hasta esa isla ha cambiado: pinos, ciervos, silicona, televisión, satélite.
Nicolás Poblete, como en otras de sus obras, muestra una fascinación por el mundo animal. Pero, una vez más, en la novela no hay una línea prístina que distinga claramente a esta categoría. Conviven entre sí los ciervos ya citados, las aves, los insectos, los peces, los vermes, los borregos, un perro, con nombre y todo, dos en realidad, los dos con nombre, y, ya lo sabemos, nosotros, los humanos, que nos hemos constituído en animales jueces supremos de toda la grey. Uno de los perros ha matado un borrego y ha disfrutado el gusto salobre de la sangre, se ha cebado y es un peligro para los ciervos, cuya muerte está reservada sólo a humanos adinerados que quieren vivir el momento climático y sensual del asesinato.El perro se ha convertido en un competidor de los humanos, disputa con ellos la misma valiosa presa. Por eso lo condenan a ser sacrificado.
¿Cuántos espacios nuestros son como la isla? ¿Cómo se bate allí la “civilización” ante la “barbarie”? ¿Quiénes son los bárbaros? ¿Seguimos acaso siendo “salvajes” los que creemos no serlo y permitimos la depredación de pueblos y culturas, de tierras y mares y subsuelos en nombre de un “crecimiento” cuyos frutos se concentran en unos pocos o de una idea de “modernización” que excluye y desintegra?
En la Isla da qué pensar. Es destacable que el libro sea una edición bilingüe, en español e inglés, ya que muchas veces problemáticas como la que trasunta esa isla no son apropiadamente percibidas en el exterior, donde la propaganda disfraza de semiparaíso el progreso material que el esfuerzo de los chilenos ha generado, tan mal repartido como sabemos, y presenta como casi milagroso el masivo acceso a tecnologías creadas en el primer mundo que ha tenido lugar en los últimos decenios. Por suerte, pareciera que ya nadie se atreve a tapar la realidad con un dedo, ni siquiera los que la negaron u ocultaron porfiadamente. Hablo de la sombra que significa para el país la patología de la desigualdad. Pero, algo es algo: ya es inocultable.
Vuelvo a la portada y trato de ubicar allí a Silvia y a Rocío, pero no sé cómo hacerlo. ¿Quién es quién? ¿Dónde está cada una, en el espacio más diáfanoy sangriento o en el más opaco e insondable? ¿Cuál es cuál? Esta última es en realidad la pregunta más inquietante. Las hermanas son seres humanosy es un ejercicio inútil contraponerlas de un modo binario. A través de ellas y sus conductas hay fuerzas que se mueven y las condicionan. Que nos condicionan.
En este tejido incierto y tendencioso, de sombras que no son y espejos que son mudos, Nicolás Poblete echó a volar su prolífica imaginación -siempre, siempre impactante-, su admirable capacidad de dar significado a los detalles, su escritura que atraviesa desde lo fantástico a lo terrible, de lo quimérico a lo cotidiano, y que sobresalta cuando desnuda una realidad que se ha pretendido vestir de gala para cubrir sus  heridas abiertas.




Proyecto Patrimonio— Año 2013  
A Página Principal
 | A Archivo de Autores |

www.letras.s5.com: Página chilena al servicio de la cultura
dirigida por Luis Martinez Solorza.
e-mail: letras.s5.com@gmail.com
Presentación de "En la Isla" de Nicolás Poblete.
Ceibo Ediciones, 2013.
Por Jorge Arrate

JOSÉ HUENANTE: EL DETENIDO DESAPARECIDO NINGUNEADO POR EL GOBIERNO DE BACHELET



José Huenante


Este 13 de mayo será lanzado el libro “La vida breve de José Huenante” (Editorial Ceibo), trabajo del periodista Nicolás Binder, que recoge la investigación de la desaparición del joven de origen mapuche, quien tras ser detenido por carabineros el 3 de septiembre de 2005 en Puerto Montt pasó a ser el “primer detenido desaparecido en democracia”. Entonces tenía solo 16 años.
Según relató a Binder uno de los testigos y amigo de Huenante -Nelson-, tras un incidente con una patrulla de Carabineros -que habría recibido piedrazos- José es perseguido por estos, alcanzado y luego “arrojado con fuerza al interior del móvil” por dos uniformados. En marzo de 2009, casi 4 años después, fueron procesados por el delito de secuestro y sustracción de menores el Sargento 2º Juan Altamirano, el Cabo 1º Patricio Mena y el Cabo 2º César Vidal, quienes no pudieron explicar lo realizado entre las 2 y las 6 de la madrugada en que desapareció Huenante. Estos tres carabineros se negaron a participar de la reconstitución de escena. Además, uno de ellos- Altamirano- había reconocido en 2008 haber cambiado el número de detenidos de 2 a 1, cuestión que negó posteriormente. Por otra parte, se ha comprobado que luego del hecho fue adulterado el libro de kilometraje de la patrulla policial involucrada.
PortadaJoseHuenante
Todos elementos que contribuyeron a establecer la denominación de “primer detenido desaparecido en democracia” respecto de Huenante, surgida en 2009 luego de que el prestigioso Informe Anual de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portaleslo definiera así de acuerdo a la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas. El texto de la UDP cita dicha convención, que “considera desaparición forzada la privación de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuere su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúen con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales pertinentes”.
Era de esperar, entonces, que quienes habían sufrido la desaparición forzada de sus compañeros, amigos y familiares durante la dictadura, comprendieran lo grave y dramático de que una situación así se volviera a repetir una vez terminada esta. Sin embargo, como plantea  en su libro el periodista Nicolás Binder, este fue un crimen“ignorado por el gobierno de Ricardo Lagos” y “ninguneado por el gobierno de Michelle Bachelet”.
Edmundo Pérez Yoma
Edmundo Pérez Yoma
Edmundo Pérez Yoma, vicepresidente de Bachelet, calificó en noviembre de 2009 la definición de “detenido desaparecido” de la UDP como “insólita” e “irresponsable”, planteando además que con ello se “desprestigiaba” lo que se había hecho en la defensa de los Derechos Humanos durante esos años. Por su parte,José Antonio Viera-Gallo, ministro secretario general de la Presidencia durante el mismo gobierno, acusó el 26 de noviembre de 2009 a la Universidad de confundir a la opinión pública respecto de los conceptos de detención y desaparición forzada, planteando que “nos parece completamente inexacto e inapropiado hablar de que en Chile haya un caso de detenido desaparecido (en democracia)”, argumentando para ello que en el caso de Huenante no había persecución política.
Paradójicamente, unos meses antes, en junio de ese año, al comentar la adhesión de Chile al Estatuto de Roma, el ministro señalaba que se cumplía así “uno de los grandes objetivos de la Presidenta Michelle Bachelet en materia internacional y de derechos humanos, que es dejar al país encuadrado dentro de todos los tratados que resguardan y promueven los derechos de las personas”. Algo muy distinto a lo que establecía el informe de la UDP ese 2009, que planteó que el caso Huenante “hace patentes situaciones reñidas con las obligaciones internacionales relativas a los derechos humanos que pesan sobre nuestro país”.
Pérez Yoma y Viera-Gallo fueron ministros del gobierno de Bachelet
Pérez Yoma y Viera-Gallo fueron ministros del gobierno de Bachelet
Sobre el actuar de Viera-Gallo, el autor de “La vida breve de José Huenante” señaló a The Clinic Online que “dos meses antes él había estado en la Cámara de Diputados leyendo la convención de detención forzada de la OEA, y en la definición nunca se habla de que tiene que haber persecución política, sino que el requisito es que sea causada por agentes del Estado”. Es por ello que el periodista agrega que Viera-Gallo simplemente “sabía que lo que estaba diciendo era una mentira”.
* “La vida breve de José Huenante” será lanzado en Santiago el 13 de mayo, en la Casa Central de la U. de Chile, a las 18.30 horas, y el 14 de mayo en el Congreso Nacional, a las 19:00 horas. Además, será presentado el 28 de este mes en Puerto Montt.

martes, 7 de mayo de 2013

Bestiario, Freakshow / temporada 1973/1990. Pronto en Ceibo Ediciones


ISBN: 978-956-9071-32-4
Páginas 208
Tania, la viuda de un ex torturador de los servicios de seguridad de Pinochet, vive en un departamento vacío de memoria y recuerdos, hasta que el encuentro con una extraña mujer la obligará a saldar viejas cuentas con el pasado.
Carmen, Nina y Mariana, tres ex militantes de izquierda convertidas en delatoras, conviven en un pequeño departamento del centro de Santiago, sumergidas en ácidas relaciones y transformando la traición en un modo de vida sin escapatoria posible.
María, escritora y agente secreta de la DINA, última ganadora del concurso de cuentos de El Mercurio, dicta un taller literario en su casa de Lo Curro. Sin embargo, la llegada de un nuevo y enigmático tallerista, que quiere escribir sobre el atentado sufrido por el general Carlos Prats en Buenos Aires, la pone en alerta para proteger, hasta las últimas consecuencias, la esquizofrénica doble vida que lleva.
Escritas y montadas entre 2004 y 2012 por los colectivos La Fusa y La Trompeta, estas tres obras comparten un hilo común que las hace formar una trilogía involuntaria. Cada una de ellas en su propio estilo —y con la voz personal de su autor o autora— se enfrentan cara a cara con las bestias que han habitado el imaginario que nos dejó el Chile de la dictadura y que son los monstruos con los que, aún el día de hoy, tenemos que convivir. La bestia torturadora, la bestia delatora, la bestia doble agente del terrorismo de estado y de la vida, confluyen en este libro como un testimonio de lo que fuimos y de los que somos. Porque la dictadura fue como estas obras: una película de terror, un drama seco y feroz o una comedia desopilante y horrorosa. Bienvenidos a la función. Y cuidado: las bestias están sueltas.










CULTURA

Tres obras basadas en personajes siniestros de la dictadura llegan al GAM

radio.uchile.cl
El Taller 4
Nona Fernández, Ximena Carrera y Marcelo Leonart remontarán "El taller", "Medusa" y "Grita" entre mayo y julio en el ciclo "Bestiario", que también dará pie a un libro y a un taller en el mismo recinto.

Tres destacadas obras teatrales de la última década, basada en algunas de las figuras principales de la dictadura, se podrán ver desde mayo en “Bestiario”, el nuevo ciclo que realizará el Centro Cultural Gabriela Mistral.
Nona Fernández, Ximena Carrera y Marcelo Leonart son los autores de El taller (2012), Medusa (2010) y Grita(2004), inspiradas respectivamente en Mariana Callejas, escritora y agente de la DINA; Luz Arce, la “Flaca” Alejandra y María Alicia Uribe, colaboradoras de la CNI; y la figura del torturador.
Marcelo Leonart explicó que su obra “se trata de una suerte de mitología chilena del mal, de la que tomamos estas historias y las ponemos en escena como un ejercicio narrativo creado a partir de ese imaginario”.
En tanto, Nona Fernández consideró que “son las historias de los monstruos que nos acecharon cuando éramos chicos. Somos parte de esa generación bisagra que no fue protagonista, pero que conoció estos sucesos en su momento. Eso nos da, al mismo tiempo, la distancia y cercanía para no narrarlos desde la herida y sí hacerlo desde un lugar más pop y menos visitado”.
Por su parte, Ximena Carrera indicó que “las obras también nacen de la necesidad de hacerlas asequibles a los nuevos espectadores, mostrando cómo el horror era parte del cotidiano en aquellos años”.
Las tres obras serán publicadas el 22 de mayo por Ceibo Ediciones, recopilación dramatúrgica que será lanzada también bajo el título Bestiario.
Asimismo, los autores harán un taller de dramaturgia en el GAM entre el 14 de mayo y el 30 de julio.
El TallerCompañía La Fusa
Dirección: Marcelo Leonart
Dramaturgia: Nona Fernández
Elenco: Francisca Márquez, Carmina Riego, Juan Pablo Fuentes, Francisco Miranda, Nona Fernández y Nancy Gómez.
Del 2 al 26 de Mayo. Jueves a sábado a las 21 horas. Domingo a las 20 horas.
MedusaCompañía La Trompeta
Dirección: Sebastián Vila
Dramaturgia: Ximena Carrera
Elenco: Carmina Riego, Ximena Carrera, Nona Fernández
Del 30 de Mayo al 30 de Junio. Jueves, Viernes y Sábado a las 21.00 hrs. Domingo a las 20.00 hrs.
GritaCompañía La Fusa
Dirección y dramaturgia: Marcelo Leonart
Elenco: Nona Fernández, Ximena Carrera, Sebastián Vila, Larissa Contreras.
Del 4 al 28 de julio. Jueves a sábado a las 21 horas. Domingo 20 horas.
Más información en gam.cl

lunes, 6 de mayo de 2013

Presentación de En la isla de Nicolás Poblete, por Lorena Amaro


El bosque, la bruja y las bestias

enlaislaportada 80x80
Por Lorena Amaro
En la isla, el nuevo e interesante libro de Nicolás Poblete, presenta la historia de Rocío, una abogada aparentemente exitosa, quien regresa a Chiloé para visitar a su hermana, Silvia, y a su madre, que padece un serio trastorno mental. El suyo es un retorno a la isla y a los bosques de su infancia, los que le parecen, sin embargo, muy cambiados y ajenos: la introducción de especies vegetales y animales foráneos, el paso de un tiempo ávido y devastador,  hacen de ésta una travesía por el extrañamiento y a ratos, también, por lo siniestro: “El cielo parecía una pizarra mal borrada. Rocío no sabía qué era, pero notaba un cambio en la Isla; no solamente aparente. Había algo extraño en el aire. Quizá ella había cambiado más lentamente que la Isla, ¿o era al revés?” (64). La caminata de Rocío, como la de los personajes de los cuentos infantiles, es un recorrido por los tupidos símbolos de la psique, de lo desentrañable, de lo oculto, de lo reprimido, solo que este bosque es, como dice Silvia, “un artificio, una farsa” (64-65). Ya no es sólo el lugar arcaico del peligro, de la violencia, de la desaparición, sino que ahora es también, con la instalación de un coto de caza para turistas extranjeros, el lugar del negocio.
El adentramiento del personaje que retorna a los bosques, que son también los de la memoria, adquiere en esta narración incluso otro matiz, ya que el texto invita, en una nota a pie de página, a que los lectores miren hacia atrás, hacia una novela poco conocida, marginal en el canon literario chileno, una novela escrita en 1938 y reeditada por última vez en 1961: Gente en la isla, de Rubén Azócar. Allí también, como en la novela de Nicolás Poblete, alguien, Antonio Andrade, vuelve a Chiloé. Asimismo están los bosques, los cipresales que desatan una pugna entre el monopólico capital chileno y un chilote aventurero que defiende su derecho a explotar los recursos de la isla. Las voces de esos personajes, creados por Azócar, se deslizan por debajo de las voces con que Poblete confronta a tres mujeres, habitantes de una isla dentro de la isla, de una isla rodeada de aguas estancadas. Es por eso que los bosques de En la isla, los bosques intervenidos que observa Rocío, fulguran de un modo especial. No solo porque no son los que recuerda la mujer adulta, sino porque retrotraen también a un tiempo anterior, a un tiempo antiguo de la escritura, el de la novela de Azócar, en que ya se gesta la expoliación. Pasado y presente, geografía e inconsciente, historia literaria y margen se traslapan en las imágenes aquí creadas.
En la isla es también la historia de una bruja. En todo bosque parece habitar una. Aquí se trata de la madre, Juana Chacón. Ella vive en una isla situada, prismáticamente, dentro de otra isla. Se manifiesta así un doble aislamiento, pero también se evoca la imagen de un país, la de la República de la Isla Imaginaria que es Chile. En ese país vive la familia emblemática de la bruja, familia de mujeres solas. Juana es también un personaje residual, una reelaboración de una imagen antigua, ideada por Rubén Azócar hace más de 70 años y que aquí aparece convertida en ruina. Como el lugar que ocupa, ella también se encuentra aislada: su enajenación del lenguaje, su sordera, su pérdida de la memoria, su lento confinamiento al mundo animal, su “espeluznante joroba” (126) hacen de Juana el despojo que la hija abogada observa con algo de asco y desesperación. Juana es una mestiza que fue liviana y astuta en su juventud, y que en su decrépita sobrevivencia se ha vuelto amarga y violenta; aun así a ratos espejea en ella la otra, la muchacha que domina saberes ocultos, vinculados con la naturaleza y el mundo legendario de la isla, además de conocer otras verdades, como la del despojo económico, la del dominio del hombre, la del dominio del extranjero. Su sabiduría, sin embargo, se ha ido convirtiendo en una anomalía, en una rareza, porque el mundo al que pertenece esa sabiduría se encuentra en ruinas a causa del turismo, la caza y el espectáculo avasallador, que aceleran el tiempo y repelen los resabios de un mundo antiguo y mágico. La propia Juana es, como les decía, un cuerpo arruinado: su joroba la inclina hacia la tierra, la pone en un mismo nivel con los animales: las gallinas, el perro al que ella llama Cholo pero que no es tal, porque el Cholo ha muerto. Como la mujer gallina que en los noventa fue captada por la televisión y en quien veo sobre todo un signo de la transición, con su habla ajena y enmudecida, violentada y arrebatada por otro lenguaje más poderoso, el de la homogenización y el consenso, Juana Chacón farfulla su propio lenguaje perdido, su disidencia, un lenguaje que sol          o la hija que vive con ella y que ha optado por quedarse en la Isla, puede comprender. Un lenguaje hermético, reprimido. también, a veces, un lenguaje corporal, abyecto: “Rocío cree que ha apagado la tele con suma precisión, pero la vieja detecta la desconexión como si le hubieran arrancado una válvula de oxígeno, y se pone de pie, alerta, para arrancar. Rocío dice con calma: ‘Mamá, ¿mamá? ¿Mami?’, y frente a esto la vieja rebuzna, un bufido que es como un eructo. ‘¡Mami!’. De seguro hay una trampa detrás de esa palabra estúpida. Silvia está observando la situación con la boca abierta y Rocío le dice, ‘quédate ahí no más’. Y mientras le dice eso a su hermana la madre agarra un cuchillo del lavaplatos; es un movimiento casi mágico en el que Rocío tiene una visión horrible y completa de la joroba de su madre” (32).
Decía antes que En la Isla hay un bosque y una bruja. Y están también las bestias que, sacrificadas o vivas, resultan espectrales. Chillan bajo la lluvia, o bien se presentan con ojos acristalados y sin párpados, o bajo la forma extraña de una madre, ya que la familia de las Becker –ése es el apellido del padre, un extranjero muerto en misteriosas circunstancias- padece de continuas metamorfosis, oscila entre lo animal y lo humano. Como mestizas que son, se encuentran también en la frontera que es en sí misma la isla, donde confluyen extranjeros y huilliches, especies foráneas y especies autóctonas, devorándose unas a otras. “Hay un lobo en mi entraña / que pugna por nacer/ Mi corazón de oveja / lerda criatura / se desangra por él”, dice el epígrafe de la novela, escrito por Manuel Silva Acevedo. La presencia de estas bestias, como la de esa sombra que es Juana, es amenazante. Los perros circundan esta historia de aislamiento amenazando con devorar a los animales de caza del coto que dirige Edgardo Sturgis, extranjero afincado desde joven en la isla, que ha terminado por adueñarse de todo. Abundan también los ciervos embalsamados, las cornamentas, los trofeos de caza. Una de las hermanas, Silvia, juega de niña con un conejo al que le falta uno de esos ojos acristalados por el proceso de embalsamamiento. Incluso Rocío, ante el perro medio salvaje de Sturgis, “parece embalsamada en su asiento” (74), como un trofeo más. No es extraño, ya que la historia que relata Nicolás es una historia sacrificial.
Para llegar a la Isla hay que cruzar aguas que no son de mar, aguas estancadas, que conducen al centro esquivo de esta historia, un punto insondable en que se insinúan la criminalidad y la traición, la violencia que Nicolás Poblete ha venido delineando también en trabajos anteriores, como Dos cuerpos, Hazme caso o Cardumen. Como en aquellos textos, aquí también indaga en la abyección: siguiendo a Kristeva, en aquello que no pertenece a un lenguaje particular, aquello intolerable, impensable, horrible. Elabora para ello un lenguaje elíptico, en que una voz incardina el silencio tenso de estas tres mujeres confrontadas por sus secretos. Los pantallazos de un televisor fuera de lugar reflejan, como desde otra orilla muy lejana, un mundo violento y sin sentido que sin embargo fascina a la madre y a Silvia. Rocío, sin embargo, no es menos oscura ni menos violenta: aunque se piensa a sí misma como la sobreviviente de un naufragio, es tanto o más abyecta que su madre o que su hermana, que viven en la mugre y la desidia. Su pelo teñido, su negación de sí misma en el afán de encontrar un espacio social, su negación de la madre, son otras formas de la monstruosidad. Como Silvia y Juana, Rocío está atrapada entre esas aguas estancadas de lo inconsciente, entre esos pantallazos apocalípticos que desde otras islas pretenden hablar del centro.
Es así que la madre y las dos hijas están vinculadas más allá de los que ellas quisieran, sus cuerpos marcados, heridos, envejecidos, espejean entre sí, un arcaico hilo umbilical impide que se diferencien, se distancien, dejen de ser una sangre, una sangre violentada. En ese sentido quiero destacar la acertada inclusión del trabajo de Voluspa Jarpa como marco del libro: la torsión imposible, bestial de un cuerpo y su reflejo, su enredo de piernas y brazos, su flotación abismada, su unidad, su aislamiento, su oscura trama identitaria.
Es sutil el habla a la que ha dado vida Nicolás Poblete en este libro escrito en dos lenguas, el español y el inglés. Sin duda, un nuevo deslizamiento, una nueva frontera trazada en este microcosmos que es su novela, donde la isla dentro de la isla encarna la forma del secreto, de lo no dicho, de la latencia, de lo arcano. Como las imágenes del bosque, la bruja y las bestias, esta geografía misteriosa nos obliga a confrontar la tenue línea entre el pasado y el presente, entre aquel libro de un autor olvidado (como toda una generación, la del 20), que revelaba la expoliación de los bosques chilotes y este libro, en que la presencia ajena de Rocío habla del triunfo relativo del individualismo y el exitismo, trazando así no solo una geografía, sino una brutal y sugerente genealogía.

En la isla, Nicolás Poblete. Ceibo Editores, 2013.
* Lorena Amaro es profesora del Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile.