jueves, 30 de agosto de 2012

Lanzamiento de “El esplendor de la derrota” de Isabel Hernández en Buenos Aires, Argentina









Comentario de Patricia Richard, durante la presentación de la escritora Isabel Hernández, en la ciudad de Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, jueves 19 de julio de 2012.

Cuando Isabel me pidió preparar unos comentarios acerca de Antes de la Fuga, para mi fue un gran honor. Como soy socióloga y no crítica literaria, espero que mis comentarios sean dignos del privilegio.
Conocí a Isabel en su vida anterior, en su capacidad de antropóloga, y me impresionó de inmediato su pasión para todo lo que hacía.  Ese mundo de la investigación académica es complicado, y muchas veces es difícil encontrar apoyo o colegas que estén verdaderamente comprometidos con la gente con la que uno trabaja. En ese mundo, uno también encuentra límites en cuanto a las formas de expresión.  Recuerdo que en ese entonces Isabel ya estaba experimentando con distintas formas, y soñaba con dejar ese mundo para comenzar a escribir ficción.
Y ¡qué bueno que lo hizo!  Me encantaba recibir sus primeros cuentos por e-mail. Esos cuentos cubrían diferentes territorios, reflejando las preocupaciones de Isabel por la historia, la justicia, las relaciones hombre-mujer, y la vida más íntima de los seres humanos. Reflejaban también el profundo conocimiento que Isabel desarrolló de esos territorios combinando las experiencias vividas y los estudios académicos.   Eventualmente fueron publicados en Al Mundo Nada le Importa.
Antes de la Fuga sigue la trayectoria de algunos de esos cuentos, explorando temas existenciales.
Isabel es una mujer que sabe vivir.  Y, como epígrafe de esta novela corta, nos da las palabras de Chejov: “Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.” Y es por eso que en esta novela corta, se enfoca en las ambivalencias, las pasiones y las tragedias de lo que es vivir.
Antes de la Fuga se trata de una mujer, una escritora, Laura Sandoval, que está internada en un hospital psiquiátrico contra su voluntad, pero se trata de mucho más que eso también: los sacrificios que hacemos a lo largo de nuestras relaciones íntimas, el costo que pueden tener esos sacrificios a largo plazo, las tensiones de la dependencia para alguien que tal vez es mejor estar sola, las decepciones que traen los años.
Leamos lo que Laura dice de su esposo Andrés:
"Andrés me abraza con dulzura, sonríe, habla con sobriedad y elegancia, pero siempre habla, explica más de lo que sugiere. Es de una humanidad creíble, pero contradictoria, fundamentalmente contradictoria.
Ha sufrido una irreversible metamorfosis: es un metódico, un señor que se despierta todos los días a la misma hora, se levanta, toma un café al lado de una ventana todavía en penumbras, y lee el diario sin ninguna demostración de interés. Una persona cuyo único afán es que su mente no le juegue la mala pasada de escupirle la verdad delante de los ojos.
Nunca ha dejado de ser inteligente y atractivo, y a pesar de eso se ha convertido en una especie de sobreviviente de un tren descarrilado, como la gran mayoría de los seres de este mundo. Alguien que ya no sabe gozar porque no se atreve a hacerlo".

La novela también se trata de la relación entre la depresión, la locura y la creatividad, y, sobre todo, las consecuencias de ser depresiva, loca y creativa, particularmente cuando se trata de una mujer.
Durante su internación, Laura se escapa mentalmente a las aguas del Delta donde creció. Y esas aguas terminan siendo una suerte de personaje a lo largo de la novela. Son un escape para Laura, y, al parecer, parte de su plan de fuga, un plan que la mantiene viva a lo largo de la novela. 
A pesar de todas esas ambivalencias y tragedias, este libro tiene que ver con la libertad – la libertad a través de la escritura, a través de la locura, y, a través de un final fantástico, que no voy a revelar, pero en el cual juega un papel realista y crucial el terremoto que tuvo lugar en Chile en febrero de 2010.
El estilo de narrativa de Isabel Hernández es bello y evocativo, lleno de compasión y capaz de hacer a sus lectores reflexionar acerca de temas incómodos y tristes, pero siempre con una visión de luz y de esperanza.


Comentario de Susana Bonaldi, durante la presentación de la escritora Isabel Hernández, en la ciudad de Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, jueves 19 de julio de 2012.

Exilio, emigración, dictaduras, ejército contra indígenas, conflictos individuales, son algunos de los temas de los cuentos del libro Al mundo nada le importa de Isabel Hernández.
El título surge de una constatación en uno de los cuentos que podemos referir al pasado reciente, Carta por mi cumpleaños, y  se  enlaza con las circunstancias y casualidades de un individuo perdido en ese mundo indiferente, sordo y mudo. La memoria, los recuerdos, son el medio para dialogar con un fantasma del pasado, o establecer un diálogo entre dos fantasmas a través de la escritura; porque el tiempo se detuvo para los que ya no están, mientras se repite para los sobrevivientes. 
Un tema es la reflexión sobre la inutilidad de encontrar razones a lo sucedido; donde un individuo estaba como en una burbuja, encerrado en su circunstancia, incapaz de actuar, de intervenir para modificar el curso del tiempo histórico, ese tiempo que es otro relato, otra memoria, desde futuro hacia el pasado.
Así  se presenta la dificultad de encontrar verdades en Carta por mi cumpleaños: “Te confieso que me he olvidado de muchas cosas, de detalles, pero no puedo olvidarme de algunos asuntos centrales, de esa ignorante sabiduría que terminó eligiendo el camino de la ausencia. Morir por una idea, Manolo. ¿Hay ideas justas? ¿Hay ideas injustas? ¿Hay luchas buenas y  malas, o simplemente hay ideas y luchas, nada más? No sé si ya lo sabés, pero varios de los Generales murieron, otros están presos, dicen, lo dicen varios de los ex compañeros que ahora gobiernan. Cómo te reirías si los vieras “
Todo empieza con esta cita de Borges: “La certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma”, y una referencia a los rechazos que causa ese escritor tan admirado y poco leído. Borges deambula por casi todas las historias, dado que el tiempo es un tema constante, si constante se puede juntar con tiempo; hasta en “al mundo nada le importa yira yira”, el movimiento que se da en el tiempo y en el espacio, nos deja sin centro.
En otro cuento también están los que meten la pata en el exilio, por telegrama. Los exiliados que se asombran y enojan con el otro país, atolondrados y  despistados, rememorando sabores que en el propio país ni conocían, como la “vaina calda”, o sea la bagnacauda, que se cocina con anchoas...Comentan:
“Todo, todo, hasta las cosas más lógicas acá son ilógicas. ¿Vos viste el quilombo de las anchoas? De pronto se acabaron las anchoas. Estos ecuatorianos son locos de remate. Tenían las mejores anchoas del mundo, vino no sé qué boludez de la corriente de Humboldt y se les fueron todas las anchoas a la mierda y aparecieron las sardinas que son del sur.”
Este fenómeno natural es la causa  del malentendido y del telegrama funesto que da el título al cuento Sardinas no, anchoas sí. El telegrama aparece en clave… y una pobre vieja termina en cana:
“… y no va a traer nada, ni guita, ni anchoas, ni sardinas…Díganme, ¿a qué hijo de tano se le ocurrió lo de la bagnacauda? “
El tiempo también aparece como un ruido en Un surubí desmemoriado: “Miró otra vez el cadáver rodeado de los cuerpos enredados y resbalosos de tanto surubí atrapado. La noche era clara, había mucha luna y él apenas escuchaba el ruido del tiempo, como le llamaba su madre a ese bullir monótono e interminable de las aguas del Paraná… El ruido del tiempo se le había ido metiendo por las venas y entonces, recién entonces, comenzó a soltar los recuerdos y nadó aguas arriba…único e incontrolable en su fuerza, como un surubí. Libre, desmemoriado, feliz, nadó sin urgencia ni descanso; nadó para siempre, contra los torrentes de las aguas de greda clara del Paraná.”
Los acontecimientos que se vislumbran en estas citas pueden leerse, interpretarse, desde ópticas múltiples, desde vivencias entramadas con el río y sus criaturas, sentimientos de lo natural y lo salvaje. Pero es  la vida que fluye en  el ruido del agua, en esa repetición del tiempo en el agua que corre, esa intemporalidad desmemoriada, lo que libera; después de soltar los recuerdos, es posible mezclarse con la correntada, confundirse con el tiempo, vivir, morir, nadar, transformarse en parte integrante del ruido del tiempo. Una inmersión en la tradicional referencia griega, uniendo la música, el ruido del tiempo que fluye, al movimiento continuo del agua que corre, y sumergirse y reaparecer en ese medio que nunca es igual a sí mismo.
Y también este texto nos recuerda otro texto, el desmemoriado contra el memorioso, abriendo otra vez la disquisición sobre el tiempo. Si es por encontrar orden y colocación, digo que otros relatos se ubican en el pasado lejano que retorna, como Copihues rojos secos o Romance para el Tehuelche. ¡Qué títulos!
Aquí el tema predominante es la lucha por la tierra, la ocupación militar, el desalojo, la traición entre  grupos indígenas, la confrontación entre diferentes visiones del mundo. En medio de todo eso, un francés loco que enamora mujeres y se declara Rey de la Araucanía, y una indígena que termina en Francia. La historia se confunde con la ficción.
Este conflicto recurrente reaparece en la última novela El esplendor de la derrota, el enfrentamiento armado, las matanzas, pero con un enfoque fantástico, emocionante, donde el tiempo y los tiempos de las protagonistas se funden y confunden como sus historias. 
Los conflictos también se expresan en la búsqueda de una identidad, en el pasado y en el presente, identidad colectiva, pero también individual, un sentido de pertenencia, un encontrarse como sujeto. La ida y vuelta entre presente y pasado, la confusión de los tiempos y de las vidas es como un movimiento envolvente que nos lleva a compartir varios mundos.
Para terminar, algo hay que mencionar sobre el lenguaje, también en este caso va más allá del uso de figuras retóricas, hay lenguas y variedades de lenguas, una multiplicidad de lenguas y culturas que no son solamente una auténtica necesidad de la escritura, son  parte de la biografía de la autora.
En el mundo castellano aparecen las marcas nacionales, tanto en el vocabulario como en los usos verbales, pero no están solo para señalar el origen nacional de los personajes, se infiltran en la lengua de la autora, las vivencias se acumulan y se mezclan formando una lengua plurinacional y pluricultural, y en este sentido hasta el mapudungun está incorporado a la cultura individual.


Introducción y comentario de Andrés Cuyul, durante la presentación de la escritora Isabel Hernández, en la ciudad de Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación, jueves 19 de julio de 2012.

Isabel Hernández, nació en Rosario (Argentina). Es antropóloga y ha dirigido numerosos proyectos de investigación socio-antropológicos en Latinoamérica. Ha publicado libros de ciencias sociales y artículos científicos traducidos a distintos idiomas. Su última obra científica es una co-edición de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL-Naciones Unidas) y Editorial Pehúen de Chile titulada “Autonomía o Ciudadanía Incompleta: El pueblo Mapuche en Chile y Argentina”, la cual le ha reportado reconocimientos y distinciones internacionales.
Como narradora de ficción publicó en Argentina su primer volumen de relatos, “Al mundo nada le importa” y posteriormente la novela “Antes de la fuga” (2011, Santiago) recibiendo por ambas numerosos reconocimientos literarios.
Hoy nos presenta sus dos publicaciones literarias y su última novela "El esplendor de la derrota", historia contextualizada en la "Campaña del Desierto" en Argentina y "Pacificación de la Araucanía" en Chile que da cuenta de su porfiado compromiso por poner de relieve las historias invisibilizadas como lo son los avances de los ejércitos argentinos y chilenos sobre el territorio ancestral mapuche, no sin mostrarnos las vicisitudes que una historia de amor y contradicciones que en ese contexto aflora.

Mi nombre es Andrés Cuyul.
Conocí a Isabel en Temuco, en el sur de Chile, cuando estaba desarrollando una de sus investigaciones que culminaría con el último de sus trabajos antropológicos: “Autonomía o Ciudadanía Incompleta: El pueblo Mapuche en Chile y Argentina”. Era precisamente un momento de efervescencia del movimiento mapuche en Argentina y Chile en el camino por reivindicar sus derechos políticos territoriales, apostábamos a la autonomía y configurábamos esa apuesta en sendos debates, que incluyó un aumento de relaciones entre referentes mapuche a ambos lados de la cordillera, es decir lo que nosotros llamamos Gulumapu, del lado chileno y Puelmapu, del lado de argentino. En ese entonces yo salía de la Universidad y estaba colaborando en el proceso de recuperación de tierras en Collipulli, situación que le costó la cárcel a varios hermanos, en ese momento fue que Isabel me tomó como asistente de investigación y me acercó a su proyecto que coincidía en parte con el proyecto político al que en ese entonces estábamos apostando: Darle visibilidad al pueblo mapuche como una sola nación independiente de las fronteras de los actuales estados nacionales.
Es precisamente en esos contextos binacionales y mapuche donde se desarrolla la última obra literaria que esta antropóloga retirada ha escrito y recientemente publicado: “El esplendor de la derrota”. Se trata de una historia de amor en el contexto de la “Campaña del Desierto” en Argentina y la “Pacificación de la Araucanía” en Chile. Isabel logra nuevamente visibilizar esta porfiada realidad mapuche de contexto binacional, pero también da cuenta de las características del avance del ejército regular sobre el pueblo mapuche. La figura de nuestro gran líder Juan Kallfukura, eclipsa en momentos la historia de Matilde y Mariana dos mujeres cuyo presente y pasado se juntan en el vaivén que sólo la estadía en territorio mapuche podía dar a luz, mediado por una machi y en un contexto de reivindicaciones de derechos e identidades.   
No sé si esta historia que Isabel escribe en esta última obra es la historia de Matilde y Mariana, dos mujeres que se encuentran frente al espejo de una historia en común, o más bien (conociendo el devenir, la historia de trabajo y la defensa de las causas justas de la propia Isabel), no es más bien el reflejo en parte de la vida de la autora. Las historias contenidas en el esplendor de la derrota atraviesan los caminos de Isabel, son parte de sus experiencias que, sumadas a la ficción e historicidad romántica me cierran, me convencen de la porfía de Isabel por no quedarse quieta respecto de sus temas de interés.
Recuerdo que cuando Isabel presentó en las comunidades mapuche, durante el año 2002, su último libro antropológico de la mano de CEPAL “Autonomía o ciudadanía incompleta” un peñi, hermano mapuche, le preguntó a Jorge Katz, el marido de Isabel “¿Cuánto demoró Isabel en escribir el libro?”… Jorge respondió con convicción inmediata “Toda la vida”….  Sin querer ser suspicaz pero sí siendo justo con los escenarios de esta última novela contextualizada en el mundo mapuche, puedo decir que aquel libro que presentaste el año 2002 en las comunidades mapuche, lo sigues escribiendo Isabel…
Muchas gracias.


Nilo Cayuqueo. Nacido y criado en el campo de la comunidad Mapuche llamada “Tribu de Coliqueo”, en Los Toldos,  Provincia de Buenos Aires. Nilo vivió en San Francisco y desde allí fundó y lideró varias organizaciones indígenas internacionales. En Argentina es fundador de varias organizaciones, entre ellas la Asociación Indígena de la República Argentina (AIRA) y Comisión Coordinadora Indígena entre otras. Actualmente es miembro activo de la Directiva de Abya Yala Nexus por los Derechos Indígenas en Davis. California. Precisamente en la comunidad de Nilo es donde Isabel y su equipo  realizaron la investigación más destacada en el tema en este país, resultado de ello EUDEBA y la UBA editaron "La Identidad Enmascarada".

Susana Bonaldi cordobesa, “pero mezclada” dice, es de vida errante desde los quince días; múltiples localidades y ciudades de Argentina y de Italia, dos continentes, y varias culturas. Literatura,  cultura y sociedad son temas de trabajo y de intereses personales. Trabajó en universidades italianas en política universitaria, socialismo y sindicalismo.

Patricia Richard se título de doctora en sociología en la Universidad de Texas en Austin en 2002. Desde entonces ha realizado labores como docente-investigadora en la Universidad de Georgia. Es autora también de numerosos artículos y capítulos en castellano e inglés acerca de las luchas sociales y políticas, derechos de las mujeres, multiculturalismo, y violencia estatal. Muchos de sus trabajos se relacionan con el pueblo mapuche. También es una docente comprometida, que goza mucho de ayudar a sus alumnos/as ver el mundo de otro modo, y pensar de una manera más crítica y anti-colonialista.



domingo, 8 de julio de 2012

Comunicado de Ceibo Ediciones

Estas breves palabras van dirigidas a aquellos “desconocidos” que se han estado dando el penoso trabajo de colarse en nuestra página web para, insistente y sistemáticamente, borrar de nuestras Novedades Editoriales la ficha de nuestra última publicación, “La Danza de los Cuervos”, del periodista Javier Rebolledo. Les decimos, casi con lástima, que su empeño es ridículo y triste. Podrán seguir haciéndolo mil veces, decenas de “hackeos” al día, y nosotros, con paciencia y determinación, seguiremos reponiendo la información.
Ya antes de la publicación del libro intentaron asustarnos, hostigarnos con seguimientos absurdos y amenazas telefónicas. Y el libro está circulando, con toda su horrorosa y necesaria verdad. ¿Qué astucia se les ocurrirá ahora?
Lo importante es que “La Danza de los Cuervos” está en librerías en todo Chile, que se agotó la primera tirada de libros en menos de cuatro días, que aunque no haya sido aún reseñada en las páginas de El Mercurio y La Tercera, estamos en las listas de los 10 libros de no ficción más vendidos de la semana.
Sigan ustedes desgastándose en pequeñeces y sepan que a partir de este lunes 9 de julio les será aún más enervante y difícil, pues hemos reimpreso miles de nuevos ejemplares para llegar a las manos y a los corazones de tantos otros chilenos que ni olvidan, ni perdonan.

Ceibo Ediciones.
8 de julio de 2012.

miércoles, 4 de julio de 2012

La historia íntima del secreto mejor guardado de la Dictadura por Rodrigo Alvarado / The Clinic




LIBRO “LA DANZA DE LOS CUERVOS” REVELA EL INFIERNO DEL CUARTEL SIMÓN BOLÍVAR

La historia íntima del secreto mejor guardado de la Dictadura

“El mal es una fuerza mucho más humana de lo que nos gustaría reconocer” Revista Ñ por Carolina Rojas



El cuartel Simón Bolívar, de la brigada Lautaro de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) chilena, fue un infierno en la tierra de donde ningún prisionero salió con vida. En ese lugar, dos jóvenes peruanos fueron los conejillos de indias de Manuel Contreras, designado el jefe por Augusto Pinochet y “el gringo” Michael Townley, encargado de los inventos para la tortura. Allí probó con ellos una máquina pequeña lanza dardos que transmitían electricidad: a uno le dio cerca del estómago, al segundo se lo lanzó a la altura del pecho, movió una especie de control remoto y ambos sufrieron convulsiones y se desmayaron del dolor.
La segunda vez que sacaron a estos dos prisioneros del calabozo fue para probar un adelanto más complejo. Townley, esta vez con el rostro cubierto por un casco y cierto orgullo, roció a ambos jóvenes con un líquido envasado en un frasquito. Primero salpicó cerca de la nariz a uno que murió en cinco segundos, y luego al otro, que se desplomó en el acto. No habían hecho nada, nadie los buscó. Tres décadas después, y según la declaraciones de algunos agentes, se concluyó que murieron producto del gas sarín.
En ese cuartel también actuaba silenciosa una “enfermera de la muerte” que en ocasiones revivía a los detenidos moribundos tras largas sesiones de tortura y otras les daba el tiro de gracia con una inyección de cianuro. Allí se borraban las huellas digitales de los prisioneros a punta de soplete y se empaquetaba a los muertos. También allí, con quince años y casi analfabeto, llegó Jorgelino Vergara, que de trabajar de mozo en la casa de Manuel Contreras llegó a ser un empleado del cuartel y un testigo controvertido. El Mocito (2011) se llamó el documental de Marcela Said y Jean de Certeau que le dio voz. 
Javier Rebolledo, periodista investigador y asistente de dirección del documental, pensó que las confidencias de este hombre daban para un texto de largo aliento. Así nació La danza de los cuervos (Ceibo ediciones), un libro que narra una especie de expiación de Jorgelino Vergara, que  mediante entrevistas en profundidad entrega detalles que había omitido en las primeras declaraciones al juez Víctor Montiglio en 2007. También desconocido, el fraude del plebiscito de la Constitución del 80 –cuando a varios agentes de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) se les ordenó votar repetidas veces para lograr que triunfara la opción “Sí”– engrosa las confesiones de Jorgelino que escandalizaron a Chile por estos días. Su testimonio, en definitiva, logra armar el puzzle de uno de los episodios más terroríficos de la historia chilena. Y habilita muchas preguntas, que se trasladan al autor del libro.
-Es claro que durante la dictadura, como vorágine, no fueron arrastrados a ella sólo partidarios de Pinochet. Uno de los móviles de Jorgelino fue la supervivencia, pero a la vez fue encubridor. Frente a la pasividad que tuvo “El mocito” con los crímenes, ¿es víctima o victimario?
-Negar a Jorgelino es negar a una parte importante de la sociedad chilena y su historia. El gerente general de la Coca Cola o de McDonald’s, que debe dejar a cinco mil trabajadores en la calle por una reestructuración de costos y lo hace sin arrugarse, tiene detrás a un “mocito” dispuesto a llevarle el café con el sólo compromiso de que le dé sustento, seguridad, un techo, algo de cariño. El mocito moderno sabe perfectamente cómo moverse, es un tipo sin mucha educación, con una inteligencia práctica, dispuesto a todo por subir un lugar en la sociedad. ¿No es esa la historia de la humanidad y una parte importante de ella? No lo defiendo, no me gustan sus decisiones ni vivo así. Lo miro desde otro lado, interior y práctico: él quería ascender, ser un profesional, y aceptó todo, sus sentimientos se endurecieron, quería transformarse en uno de ellos…
-Por ese cuartel también pasaron mujeres como Ingrid Olderock, o Gladys Calderón con labores tan crueles como las que desempeñaron los hombres. En este mismo tema, siempre se señaló que Lucía Hiriart fue el cerebro detrás de Pinochet en innumerables ocasiones. ¿Qué tan implicadas estuvieron las mujeres de la DINA?   
-En la casa de Manuel Contreras, María Teresa Valdebenito –su ex esposa– le entregó cariño maternal a Jorgelino. Ahí, en la casa del hombre más poderoso de Chile y el peor criminal de nuestra historia, el mocito lloró en los brazos de ella, se fue de vacaciones con esa familia y de ella recibió su primer regalo de Navidad.
La “tía Maruja” –como llamaban a Valdebenito– lo incentivó a hacer los cursos militares y entrar a la DINA. Una mujer cariñosa, conservadora, fue quien hizo todo por que entrara a la Brigada Lautaro, el grupo de agentes de mayor confianza de Contreras. Ahí tienes algo extraño: amor en una mujer que te manda al infierno. Por otro lado, las agentes en el cuartel Simón Bolívar, formadas por la teniente Olderock, lo adoptaron como un hijo, era el “Nenito” y al momento de torturar, esas mismas mujeres eran durísimas, también salían a detener, a disparar. Sus roles eran un importante equilibrio a un lugar típico de hombres. Bailaron con ellos en las fiestas patrias en el casino, se crearon amores, ellas tomaban notas en las sesiones de tortura. Por eso acá es el ser humano en su conjunto el que cayó a nuestro punto más bajo de crueldad y brutalidad.
-Jorgelino fue testigo de las visitas a la casa de Contreras, conoció al dictador uruguayo Juan María Bordaberry y recibió llamados de Pinochet. ¿Por qué no se cuidaron de él? ¿Era un personaje insignificante para ellos?
-Era prácticamente analfabeto, cuando llegó a esa casa no sabía para que servían los interruptores de la luz. Todo era nuevo y encima era juzgado por esa familia: estaba siempre diligente, atento a cualquier jugada. Por eso mismo olvidaron su presencia, paradójicamente es su formación de mocito la que hizo que recordara todo con lujo de detalles en la casa de Contreras, posteriormente de sus compañeros en la Brigada Lautaro y todo lo que pasó dentro del cuartel Simón Bolívar.
La burocracia del mal
Una de las cosas que más le llamó la atención al autor del libro fue esta llamada burocracia del mal. En el centro de exterminio se celebraban asados y hasta olimpiadas deportivas. Todo eso convivía con los corvos y el agua rosada que corría por el piso cada vez que Jorgelino debía quitar los rastros de sangre. La indolencia como algo más complejo de lo que imaginamos hace recordar a Mariana Callejas –la esposa de Townley– dictando talleres literarios y celebrando fiestas mientras en la planta de abajo se torturaba.
-Tras la investigación, ¿qué es lo que más te quedo grabado?
-Que el mal es mucho más cercano de lo que uno visualiza, una fuerza mucho más humana de lo que a uno le gustaría reconocer, eso es universal…

El Auschwitz de Pinochet por Franciso Marín en Proceso de México



El Auschwitz de Pinochet

FRANCISCO MARÍN
2012-07-02 18:33:56 / SEMANARIO DE INFORMACIÓN Y ANÁLISIS, MÉXICO
Un libro de reciente aparición (La danza de los cuervos. El destino final de los detenidos-desaparecidos, de Javier Rebolledo) revela un hecho que se mantuvo en secreto durante más de 30 años y que se conoció hace un lustro, aunque sólo en el ámbito judicial chileno: la existencia de un centro de exterminio de la dictadura pinochetista donde fueron torturados y ejecutados, entre otros, los dirigentes del Partido Comunista de Chile y los militantes del MIR; un sitio donde ocurrieron tragedias que evocan las de los campos de concentración del régimen nazi.
VALPARAÍSO, CHILE.- Poco más de 30 años duró el pacto de silencio sellado por asesinos y encubridores que guardaron uno de los mayores secretos de la dictadura pinochetista. Jorgelino Vergara, El Mocito, fue quien descorrió el velo: En la comuna de La Reina –en la capital chilena– funcionó el cuartel Simón Bolívar, un centro de exterminio de la Dirección Nacional de Inteligencia (Dina).
Allí operó la Brigada Lautaro, unidad creada en abril de 1974 para dar protección al jefe de la Dina, el coronel Manuel Contreras.
A las órdenes de éste la Brigada Lautaro –comandada por el coronel Juan Morales Salgado– asesinó a cientos de personas con métodos en extremo crueles, algunos de ellos experimentales. No se conoce la cifra exacta de muertos, pero sí se tiene la certeza de que ninguno de los que ingresaron como prisioneros al cuartel Simón Bolívar vivió para contarla. Todos desaparecieron.
En enero de 2007 Vergara fue localizado por agentes de la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones (PDI) que indagaban la desaparición de la cúpula del Partido Comunista de Chile, ocurrida en mayo de 1976.
Vergara cooperó con la justicia. Como consecuencia de sus declaraciones se produciría el mayor número de procesamientos en la historia de los juicios por violaciones a los derechos humanos ocurridos en la dictadura militar (1973-1990).
Pero casi nada de esta historia se había publicado. Las declaraciones del Mocito estaban protegidas por el secreto del sumario de esta causa (número 2182-98). Cuando ocurrieron los procesamientos se supo de la existencia del cuartel Simón Bolívar y de la Brigada Lautaro pero no se conocieron los detalles de lo que allí sucedió: sólo retazos.
De ahí la importancia de la reciente publicación del libro La danza de los cuervos. El destino final de los detenidos-desaparecidos (Ceibo Ediciones, 2012), del periodista Javier Rebolledo.
En entrevista con Proceso el autor señala que “no hay registro hasta ahora en nuestro país, en ningún libro de historia ni en ningún libro de periodismo, de un episodio tan crudo como este”.
El ventilador
La historia de las revelaciones del Mocito comienza el 19 de enero de 2007. Ese día el inspector de la PDI, Claudio Pérez, lo encontró en una aldea en medio de un bosque de la Cordillera de la Costa, en la región del Maule.
Pérez había seguido su pista durante seis meses debido a que un agente de la Dina acusó a Vergara de haber asesinado en 1976, con sus propias manos, al subsecretario general del Partido Comunista, Víctor Díaz López.
Pérez le explicó a Vergara el motivo de su visita y le pidió que lo acompañara para rendir una declaración.
–Los estaba esperando hace mucho tiempo – respondió El Mocito, consigna el libro.
El inspector le tomó la declaración en una comisaría de la PDI en Curicó. De entrada El Mocito se mostró indignado por haber sido inculpado en la muerte de Díaz y no se anduvo por las ramas: dijo que sabía quién lo había matado.
“Esa noche la historia desconocida de Chile, la del único cuartel dedicado de modo expreso al exterminio, donde se decidió el destino final de los detenidos, las matanzas y lo que debieron sufrir los secuestrados antes de ser asesinados comenzaba a fluir por boca de quien decía no haber tenido poder alguno dentro de la estructura de la Dina ni de la Brigada Lautaro.
“Dueño de una memoria fotográfica, Jorgelino recordaba decenas y decenas de nombres, sus chapas (nombres en clave), los cargos y funciones que desempeñaba cada uno en la Brigada Lautaro, las instituciones a las que pertenecían y la crueldad que los caracterizaba (…) nunca algún agente de la Dina se había prestado para describir, desde las entrañas de la estructura misma, algo así de explícito y violento”.
Después de firmar la declaración, Jorgelino Vergara fue trasladado al Palacio de Tribunales en Santiago. Allí lo esperaba el ministro Víctor Montiglio quien, alertado por los policías de la trascendental información proporcionada por Vergara, quiso tomar personalmente una nueva declaración.
Hasta ese momento Montiglio era conocido por haber aplicado sistemáticamente la Ley de Amnistía de 1978 en casos de crímenes de lesa humanidad. “Por su postura se había granjeado el odio y desprecio de numerosos familiares de detenidos-desaparecidos”, afirma Rebolledo en su libro. Sin embargo, el conocimiento de los horrores de la Brigada Lautaro lo sensibilizó. Sus resoluciones lo evidencian.
En marzo de 2007 Montiglio dictaría el mayor procesamiento en la historia de los juicios por crímenes cometidos durante el periodo más cruel de la dictadura. “74 agentes pertenecientes a la Brigada Lautaro de la Dina, procedentes de todas las ramas y rangos de las fuerzas armadas y de orden, estaban tras las rejas gracias a la memoria fotográfica y a la revancha del Mocito.
“Fueron detenidos en distintos puntos del país en el más absoluto sigilo, sin darles tiempo ni posibilidad de ponerse de acuerdo entre ellos para coordinar el contenido de sus declaraciones. Debido al bajo perfil y al evasivo estilo de vida que suelen llevar, a muchos costó rastrearlos. Además un número importante de ellos jamás habían sido nombrados previamente en un proceso judicial, por lo que prácticamente no existían. A la larga todos cayeron y los penales destinados a este tipo de criminales debieron duplicar y triplicar sus esfuerzos para darles ‘alojamiento’”.
A pesar de su valiosa colaboración, Vergara también fue detenido e incomunicado en la Cárcel Pública de Santiago. Permaneció ahí dos meses.
Fueron numerosos los careos en los que Jorgelino Vergara se vio enfrentado a los agentes que él acusó de participar en los crímenes de la Brigada Lautaro. “Frente a frente y en presencia del ministro, todos lo negaron. Nunca lo habían visto, decían”.
Pero el jefe de la brigada, Morales Salgado, no pudo negarlo: lo reconoció e incluso lo definió como “un cabro (muchacho) muy esforzado”.
Luego otro agente de la brigada, Jorge Pichunmán Curiqueo, también lo reconocería. “Así, poco a poco al comienzo y luego con velocidad pasmosa, el castillo de mentiras y el pacto de silencio se fueron resquebrajando y convirtiéndose en una avalancha de recriminaciones y acusaciones cruzadas. ‘Yo no fui, él fue’, se repitió tantas veces que pronto los agentes de la Dina ya no pudieron ponerse de acuerdo.
“Las traiciones parecían venir de todos lados y algunos de ellos comenzaron a confesar más y más y así entraron en detalles tan escabrosos o más que los narrados por el propio Jorgelino. Montiglio, desde el otro lado de la mesa, no perdonaba; interrogaba y volvía a interrogar minuciosamente a todos los agentes, hasta que casi cuatro años más tarde recibió una noticia inesperada: había contraído un cáncer que resultaba tan fulminante como mortal. Apenas alcanzó a solicitar su jubilación antes de ser internado en el hospital. Murió el 30 de marzo de 2011”.
El caso sigue abierto, al parecer sin diligencias pendientes, esperándose en breve la sentencia. Todos los agentes de la Dina que han sido procesados en esta causa contra los dirigentes del Partido Comunista desaparecidos en 1976, esperan en libertad el veredicto.
“El Mocito”
Jorgelino Vergara nació en una familia muy pobre de la región del Maule. Su madre murió cuando él era casi un bebé. En 1974 –cuando tenía 14 años– sus hermanos José Vicente y Rosamel lo fueron a buscar al fundo donde trabajaba casi como esclavo, en el sector Los Niches, del Maule. Ellos vivían en Santiago donde trabajaban para el director de la Empresa de Correos y Telégrafos, el general Galvarino Mandujano, compadre de Contreras.
Recomendado por aquél, Jorgelino ingresó como asistente de mozo en la casa del coronel. Allí conoció a otros de los capos de la dictadura: Miguel Krassnoff, jefe de la Brigada Caupolicán (la encargada de eliminar al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, tarea que realizó entre 1974 y 1975); Marcelo Moren Brito, jefe del centro de tortura Villa Grimaldi; Burgos de Beer, ayudante personal de Contreras.
“Le quedó registrado de aquellos encuentros que hablaban de ‘paquetes’ (…) de cuántos habían sido dados de baja. A personas eliminadas se referían. Y el coronel (Contreras) al otro lado, inmutable. Firmaba todos los documentos, porque todo quedaba documentado”. El Mocito escuchaba y retenía todo lo que podía. Le gustaba saber.
En el invierno de 1976, a los 16 años, Jorgelino Vergara fue contratado para trabajar en la Dina. La chapa que eligió fue Alejandro dal Pozzo Ferreti. Después de firmar un contrato y hacer el juramento de confidencialidad fue llevado por dos agentes de la Dina al ultrasecreto cuartel de la Brigada Lautaro. El coronel Morales lo recibió y le mostró el recinto.
Auschwitz en pequeño
Un día Jorgelino estaba de guardia en la garita ubicada al lado del portón de entrada cuando llegaron unos extranjeros. Eran peruanos o bolivianos.
“Casi de inmediato llegó caminando el capitán Morales Salgado junto al capitán Germán Barriga y el teniente Ricardo Lawrence. Entre los tres los empezaron a interrogar ahí mismo. Gritos, golpes. El más loco esa vez era sin duda el capitán Morales. La cabeza se azotaba y volvía a levantarse. Todo el rostro roto. Una mezcla de sangre, tierra y los granos de maicillo incrustados en la piel. ¿Qué iban a responder si esos peruanos no sabían nada? Seguro cayeron detenidos por equivocación. O tal vez eran parte de un plan. Conejillos de Indias.
“Dos agentes pusieron a los peruanos contra uno de los muros del lugar (…) El Gringo (Michael) Townley sacó entonces un aparatito. Era como un control remoto con unas antenitas pequeñas y le comenzó a mostrar al coronel (Morales) la forma de utilizarlo. El coronel lo agarró entre sus manos y apuntó. En un instante salió volando el dardo. Antes de siquiera verlo ya estaba pegado sobre la boca del estómago de uno de los detenidos. El coronel movió la palanquita del control remoto y el peruano cayó de inmediato al piso, fulminado, contorsionándose en un millón de contracciones musculares, de un lado para otro durante un rato. (…) Más de 200 voltios y un alcance de 50 metros”.
Días después los peruanos murieron cuando les aplicaron gas sarín en la cara. Fallecieron instantáneamente. Los agentes de la Dina estaban poniendo a prueba la efectividad de esa arma, que se barajó como una de las posibles a utilizar para asesinar al excanciller Orlando Letelier.
“Townley viajaría a Estados Unidos, a Washington concretamente, con pasaporte falso; se reuniría con Armando Fernández Larios y recibiría de él información acerca de los movimientos de Orlando Letelier en esa ciudad. Su misión era asesinarlo. A ese viaje llevó un frasco de perfume Chanel número 5 lleno de gas sarín. Era una de las posibilidades para eliminar a Letelier. Finalmente, por razones logísticas, se decidió matarlo por medio de una bomba a control remoto”.
A medida que pasaba el tiempo Jorgelino se endurecía al punto de lograr despreciar a los comunistas y asumirlos como “destruye-patrias”. En cierta forma –pensaba– se lo tenían merecido “por intentar acabar con el país”.
Pero El Mocito reconoce haber sentido especial aprecio por Víctor Díaz, ejecutado por Juvenal Piña Garrido, El Elefante, quien confesó cómo lo hizo. Dijo que entró al calabozo de este prisionero y lo vio: estaba amarrado de pies y manos.
“En ese mismo momento le manifiesto a Díaz que me perdonara por la acción que iba a llevar a cabo, es decir su posterior muerte. En ese instante un agente, no recuerdo quién, me entregó una bolsa de nylon de supermercado, la que utilicé para introducir la cabeza de Díaz, momento en el que presioné esta bolsa a su cuello con el fin de impedir el paso de oxígeno a su cuerpo. Al cabo de unos tres minutos observé que ya no tenía signos vitales, instante en que terminé de presionar la bolsa, para salir del dormitorio inmediatamente, por cuanto me encontraba choqueado por la acción que había ejecutado”.
El cuerpo de Díaz fue trasladado al Regimiento Peldehue donde fue subido a un helicóptero y arrojado al mar, como se hizo con muchos otros detenidos asesinados. Otros fueron enterrados en recintos militares o en lugares alejados de la ciudad.
Consultado respecto de qué conclusiones saca de lo relatado por El Mocito, Rebolledo señala que el cuartel Simón Bolívar “es un mini-Auschwitz; por ende tenemos que reconocer, aceptar, estudiar y hacer todo lo que sea necesario para entender lo que pasó. Porque si caímos tan bajo, es porque algo pasa… algo pasó con la identidad, con el ser de Chile que, a mi parecer, no ha cambiado mucho”.
Rebolledo expresa: “Me encantaría que se comprendiera la importancia de preservar la memoria de este lugar, y que se reconstruya una réplica exacta de lo que aquí hubo”.

martes, 12 de junio de 2012

“La danza de los cuervos, el destino final de los detenidos desaparecidos” del periodista Javier Rebolledo, próximamente por Ceibo Ediciones






Durante cinco años el periodista Javier Rebolledo se sumergió en el entramado de silencios, mentiras y omisiones que quedó en evidencia tras las primeras declaraciones judiciales del ex empleado civil de los aparatos represivos de la dictadura chilena, Jorgelino Vergara, ante el ministro Víctor Montiglio. Siguiendo de cerca los avances de las investigaciones policiales y estrechando el círculo con una implacable vocación periodística, Rebolledo logra exponer en “La danza de los cuervos” el episodio más crudo de la barbarie de nuestra historia reciente. Primero como investigador y asistente de dirección para el documental “El Mocito” (Marcela Said y Jean de Certeau) y luego profundizando en una pesquisa plagada de horrores, el periodista devela el secreto mejor guardado de la dictadura de Augusto Pinochet, exponiendo sin falso recato la historia “puertas adentro” de un testigo y protagonista del cotidiano aberrante de la DINA dirigida por Manuel Contreras. Un libro en que nos asomamos, aterrados, al pozo sin fondo de la deshumanización de los agentes, asesinos y torturadores, a la vez que a las complicidades de empresarios, funcionarios públicos y oficiales que, hasta nuestros días, esquivan el rigor de una justicia que tarda y no llega.









martes, 8 de mayo de 2012

Presentación de “El esplendor de la derrota” en Asunción, Paraguay



El lanzamiento de “El esplendor de la derrota”,  de Isabel Hernández, autora argentina, publicado en Chile por Ceibo Ediciones se realizará en La Serafina, Espacio Cultural Feminista el día viernes 11 de mayo a las 21:00 hrs. 

viernes, 4 de mayo de 2012

Presentación de Mar Negro en Buenos Aires, Argentina




El próximo martes 8 de mayo a las 18:30 hrs. en el Salón Azul de la Facultad de Derecho (UBA) el libro Mar Negro, de Ana Arzoumanian, publicado por Ceibo Ediciones, presentan la novela el Dr. Gregorio Flax y de Dauno Tótoro, editor.
Durante la presentación, la autora leerá párrafos de su obra mientras los bailarines plásticos Yamila Guillermo y Gastón Exequiel Sánchez interpretan la lectura.

Organiza: Cátedra libre sobre Holocausto, Genocidio y Lucha contra la Discriminación.